Mejor que cualquier manzana

Hace algunas semanas apliqué mi examen final y a los 20 minutos un alumno, Javier, me lo entregó diciendome: ahí está profe nos vemos luego, Sin embargo no lo quise dejar ir, le comenté que lo revisara miles de veces hasta que estuviera seguro de que estaba bien resuelto y entonces me lo entregara. Lo revisó una y otra vez y si se quería ir, lo volvía a sentar diciéndole que lo revisara bien y que analizara cada una de sus respuestas.

Afortunadamente Javier pasó su examen pero no la materia pues nunca me entregó el ensayo final. Pensé que si le escribía un mail diciéndole que no recordaba si me lo había enviado a mi correo o impreso, podría tener una segunda oportunidad, no anuciada, para entregarmelo, pero no lo hizo.

No había mucho que pudiera hacer hasta que decidí pasarlo; mi argumento fue que sería más útil si reprobara literatura y no la materia que la antecede, la mía.

Pasó casi una semana y Javier no fue a revisión hasta el día de hoy que entró a mi oficina a platicar un rato conmigo. Me dijo que venía a despedirse y a agradecerme por las atenciones (por haberlo pasado pensé) y que a ver si nos veíamos para echar el café o a tontear puesto que se iba a dar de baja.

Al preguntarle si había visto su calificación final me comentó que ya no quería ver más pues ya no iba a seguir, -pero pasaste- le respondí, ¿ah si? muchas gracias prof pero bueno ojalá nos veamos pronto y sigamos en contacto porque me ayudó mucho aunque no lo crea, -seguro y te va a ir muy bien! y acto seguido le di mi msn.

Fue raro, tuve varios sentimientos al mismo tiempo que tenía que ponerles un embudo y asi filtrarlos como se debía. El feeling egocentrista de haber pensado que venía a agradecerme por haberlo pasado se fue inmediatamente al saber que había tocado la vida de alguien 🙂

Epílogo: Javier se va a estudiar la prepa abierta donde va a terminarla un semestre antes y ahorrándose una buena lana. Cuando me dijo le grité: CLARO! HAZLO!!! 😉